miércoles, 18 de mayo de 2011

El animal humano, no piensa

Hoy vi en el noticiero la imagen de un busetero que con todo y su buseta, ( http://t.co/k97GbQ1 ) se cruza un semáforo en rojo, con tan mala suerte que una policía en su moto viene y se choca contra él. La Patrullera, por fortuna, solo se rompe los brazos y se libra de morir. La mala fortuna del conductor no termina ahí pues una cámara registra todo lo sucedido y lo pone en la mirada de todo el país al medio día, hora en la que todos ponen cucharas en sus bocas y noticias terribles en sus cabezas.

Pero aún hay más. La cámara que registra los hechos no es una cámara común y por ende las imágenes son súper nitidas, a diferencia de lo que acostumbramos a ver cuando de cámaras de seguridad se trata, o sea un montón de pixeles en blanco y negro que parecen moverse, y en los que la señora de los tintos adivina y relata lo que pasa diciendo “ahí se ve clarito”.

Mi reacción inicial fue, como la del común de las personas, emprenderla a improperios contra el busetero, y luego a sentencias. “ojalá lo metan preso” pensé. Después de mi, otros más dejaron salir sus pensamientos en forma de groserías y castigos. Y entonces me di cuenta de una cosa. El animal humano, no piensa.

No, no lo hace. No usa ese elemento diferencial que lo ha separado millones de años evolutivos de los demás animales. El animal humano no usa su cerebro. Y sí, que suene a conclusión. Y las razones para llegar a ella están a la vista, están en los noticieros del medio día. Ahí a la mano de todos.

Así que la mala fortuna de esta mula del volante, está realmente en el hecho de que carece de la capacidad de usar su capacidad de pensar.

El animal humano, como todos los demás animales, no piensa, reacciona a su entorno. Les pongo un ejemplo.

Es medio día y en una casa cualquiera, sirven el almuerzo. El perro de la familia se pasea tranquilo por el comedor y descubre los platos llenos de comida sobre la mesa. Entonces se lanza y toma la carne de uno de ellos, se la pasa sin masticar y luego huye de los gritos (en el mejor de los casos) de su amo. El animal no piensa, simplemente reacciona y actúa. Toma la carne y ya. Si pensara, tal vez, analizaría las consecuencias de lo que va a hacer. Anticiparía la reacción de su amo y entonces entendería que sería castigado (con gritos, en el mejor de los casos).

Otro ejemplo; un pez en una pecera recorre tranquilo y feliz la distancia de vidrio a vidrio una y otra vez. De pronto ve caer sobre la superficie del agua las hojuelas de pescaina. Su dueño, accidentalmente deja caer mucha más comida de la que el pez debe recibir. Y mientras intenta recuperarla, el pecesillo se ha atragantado hasta morir. El pez no piensa, actúa, ve comida y come.

Igual se comporta el animal humano, por eso es que un joven de quince años ve a una joven de quince años, o ella a él o en el sentido contrario, joven con jovencita, jovencita a joven (frase que apoya mi conclusión de que el animal humano no piensa ( http://youtu.be/XfZ_o5lifLw )) y se entregan mutuamente hasta convertirse en 3. No piensan, actúan, ven comida y comen.

El animal humano carece de la capacidad de usar su capacidad de pensar. Esta frase que suena enredada, por no decir compleja, es realmente simple. Y es la que explica el por qué de miles de absurdos y estupideces que vemos o cometemos diariamente. No usamos la capacidad de pensar que tenemos. Punto.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría lentamente frente a una máquina de una tonelada, que se desplaza a 80 kilómetros por hora y que además es conducida por otro animal humano, que tampoco va usando su capacidad de pensar.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se comería seres de su propia especie y a veces hasta de su mismo sexo sin protección.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no dejaría a un animalito de su misma especie, pero de dos años caminar libremente por un centro comercial, ni mucho menos por una calle. Ni jugando sola en su caminador al lado de la piscina. Ni mucho menos dejaría a su hermanito de 7 años cuidándola.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no dejaría a un animalito de cinco o seis años cuidando el agua que está hirviendo en la estufa.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría por la calle empujando un coche y con una niña en la mano porque la calle es más lisa que el andén.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se iría a un partido de fútbol con un cuchillo y con unas ganas de usarlo ni las hijueputas.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría por debajo de esa construcción que llaman puente peatonal.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no subiría sus propias fotos empelota a cualquiera de las múltiples redes sociales, esperando que nadie las vea. Ni comentaría en ellas sus infidelidades, ni actos delictivos ni cosas por el estilo.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se molestaría por el costo de las multas de tránsito. Si pensará sabría que el problema no está en la plata sino en conducir bien y no ser multado.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no solo le habría puesto un comparendo al busetero, lo habría enviado a la carcel por intento de homicidio.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no hubiera inventado significados paralelos para las palabras “vivo”, “abeja” o “avión”. No habría creado la palabra “avispado” ni se cruzaría los semáforos en rojo. No es un avión el que desarrolla una técnica para cruzar en rojo, es un huevón.

lunes, 25 de abril de 2011

Sin salida

¿Qué se sentirá caer desde un avión sin paracaídas?
Yo creo que lo único que cuenta son los últimos 10 metros.
Alcanzas a ver el suelo contra el que dejarás tu humanidad, alcanzas a anticipar realmente el dolor y a entender que por primera y única vez en la vida, realmente no tienes opción.

martes, 19 de abril de 2011

15 cosas que todo Bogotano tiene en la cabeza cuando sale a manejar

  1. Si ve un pare no pare.
  2. Si el semáforo está en rojo, no pare.
  3. Si hay trancón, pase por el anden (aunque conduzca una buseta (y los he visto)).
  4. Si está borracho, váyase en el carro, es más seguro.
  5. Si alguien se atravieza como diciendo “échemelo”, écheselo.
  6. Si va detrás de una moto, métale el carro pa´que no estorbe.
  7. Si va tarde para la universidad, lea las fotocopias mientras maneja (aplica para trabajo con informe, presentación y demás).
  8. Si va tarde para la oficina, maquíllese mientras maneja (aplica para universidad).
  9. Si viene una ambulancia no le de vía.
  10. Si le ponen la direccional ni se le ocurra darle vía.
  11. Si va a cruzar ni se le ocurra usar la direccional.
  12. Si va a parar ni se le ocurra poner las de parqueo.
  13. Si va por un barrio acelere.
  14. Si está lloviendo acelere.
  15. Si es de noche no prenda las luces y acelere.

martes, 15 de marzo de 2011

A mi me robaron una tarea

Un día cualquiera pero de hace casi 15 años, viajaba en una buseta por la Caracas. Eran por ahí las 7 de la mañana y me dirigía hacía mi Alma Mater. La buseta, como todas las busetas de hora pico, iba hasta las puertas. Sobre el motor, en donde iban puestas la caja de monedas y una imagen del divino niño, iba también el buen trasero de la acompañante que le había cedido su puesto a más pasajeros que viajaban como señora de pueblo en moto, de lado.
Gente y más gente apiñada.
Iba colgado al lado de una señora de esas gorditas redonditas a las que se les acortan los brazos a medida que engordan. Yo como podía la sostenía para evitar que rodara por el estrecho pasillo llevándose a todos los pasajeros (Lo hacia más por ellos que por la bracicortica).
En una arrancada de esas que los conductores dan para reacomodar el ganado, la señora se me sale del área de protección y se va llevándose a todos los que nos separaban de la puerta trasera. En el intento de todos por volver a levantarse, descubrí un grupo de lo más recomendable, 3 hombres y 1 mujer que se instalaron a la salida y estaban chalequiando a todo el que se bajaba de la buseta. El peaje de Pipiral antes de Villavo no recauda tanto como estos personajes. Cada mujer, niño, adolescente, hombre y demás, incluida la señora redondita dejó su cuota correspondiente. Hay que abonar que los 4 eran profesionales porque ninguno de los chalequiados notó nada. En ese momento veo a través de los stickers de “todo niño paga” y “si el niño es del chofer no paga” que se acerca mi turno de esculcada. Sí señores, me toca bajarme.
Inmediatamente pienso en todo lo que me van a robar estos madrugadores trabajadores y en mi cabeza hago un recuento de todas las valiosas posesiones que me acompañaban. El walkman, no, no tengo walkman y nunca he tenido, la billetera, mi billetera es un caucho que amarra la cédula y la libreta y está en lo más profundo de la maleta. La Plata, me van a robar la plata. ¿Cuál plata? En esa época el sueldo de estudiante se desaparecía gracias a mi profundo apego a las bebidas alcohólicas. Hago un repaso más y me doy cuenta de que estoy pelado, no hay nada en mi que pueda aportar al enriquecimiento ilicito de los recaudadores de la salida. Así que me armo de calma y me dispongo a disfrutar el masaje. Camino, llego al final, timbro, me apretujan y siento por todo el cuerpo un cosquilleo como el de las sillas de masajear de los parques de diversiones. La buseta para, me bajo y volteo a ver a los ladrones, les sonrío como diciendo, los jodí y me voy a clase.

Entro, tarde como siempre, lo que no me da la oportunidad de saludar a nadie, me siento en primera fila porque los puestos buenos ya están vendidos a los vagos que sí llegan temprano, y no he alcanzado a descargar la maleta cuando el profe de legislación publicitaria me pide mi trabajo.

La tarea venía encapsulada en un casete de video 8 y se trataba de un video explicativo de lo que habíamos aprendido en el semestre. Giro hacia un lado, levanto mi maleta, y cuando me dispongo a abrirla descubro que ya lo está y de par en par. Busco en su interior la pequeña cajita que contiene el video y recuerdo el momento exacto de la noche anterior en que mi progenitora lo levanta de la mesa del comedor y sosteniéndolo en el aire dice ¿esto no lo tiene que llevar mañana? ¿no es importante?
–– Sí madre, lo es, es mi tarea de Legislación, menos mal la viste.
Tomé el casete y lo guardé en el bolsillo externo del morral, el mismo que ahora está completamente abierto y completamente vacío.

Alguna vez les ha pasado que dejan el carro parqueado y cuando salen no lo ven, recuerdan ese frío extraño que corre de cabeza a pies en segundos y apenas lo ven de nuevo desaparece. Recuerdan que todo el mundo dice “uy sentí un frío…”

Pués ese frío estaba en mi y no se iba a ir. Sí cómo no. Me habían robado la tarea.
El eterno y duro silencio se rompe con un “señor Silva”. “Su trabajo, pase al frente y lo proyecta por favor, sus compañeros esperan”
Veo al frente y los otros cuatro miembros de mi grupo están ya al lado del tablero y cámara en mano conectada al video beam me esperan.

Y ahí estaba yo, solo en el mundo, solo yo y la frase menos creíble de todas las posibles y permitidas por las múltiples combinaciones que permite el español entero.
“Profe, me robaron la tarea”.

miércoles, 26 de enero de 2011

Las 6

Llegan las 6 y la secretaria toma sus cosas y se prepara para ser manoseada por desconocidos en el bus. El celador recibe turno y se prepara para abrir la puerta a la grosería del estrato 4. La vendedora de tinto sale con su carrito a calentarle la noche a los taxistas que patrullan en busca de borrachos desamparados. Los ladrones rezan por una buena noche de trabajo. Los gatos cambian a pardos. Los vendedores de drogas hacen la fiesta en las calles y los porteros de bar ponen su mejor cara de hijueputa para que los adolescentes repletos de hormonas, alcohol y drogas no traspasen la puerta.