Hoy vi en el noticiero la imagen de un busetero que con todo y su buseta, ( http://t.co/k97GbQ1 ) se cruza un semáforo en rojo, con tan mala suerte que una policía en su moto viene y se choca contra él. La Patrullera, por fortuna, solo se rompe los brazos y se libra de morir. La mala fortuna del conductor no termina ahí pues una cámara registra todo lo sucedido y lo pone en la mirada de todo el país al medio día, hora en la que todos ponen cucharas en sus bocas y noticias terribles en sus cabezas.
Pero aún hay más. La cámara que registra los hechos no es una cámara común y por ende las imágenes son súper nitidas, a diferencia de lo que acostumbramos a ver cuando de cámaras de seguridad se trata, o sea un montón de pixeles en blanco y negro que parecen moverse, y en los que la señora de los tintos adivina y relata lo que pasa diciendo “ahí se ve clarito”.
Mi reacción inicial fue, como la del común de las personas, emprenderla a improperios contra el busetero, y luego a sentencias. “ojalá lo metan preso” pensé. Después de mi, otros más dejaron salir sus pensamientos en forma de groserías y castigos. Y entonces me di cuenta de una cosa. El animal humano, no piensa.
No, no lo hace. No usa ese elemento diferencial que lo ha separado millones de años evolutivos de los demás animales. El animal humano no usa su cerebro. Y sí, que suene a conclusión. Y las razones para llegar a ella están a la vista, están en los noticieros del medio día. Ahí a la mano de todos.
Así que la mala fortuna de esta mula del volante, está realmente en el hecho de que carece de la capacidad de usar su capacidad de pensar.
El animal humano, como todos los demás animales, no piensa, reacciona a su entorno. Les pongo un ejemplo.
Es medio día y en una casa cualquiera, sirven el almuerzo. El perro de la familia se pasea tranquilo por el comedor y descubre los platos llenos de comida sobre la mesa. Entonces se lanza y toma la carne de uno de ellos, se la pasa sin masticar y luego huye de los gritos (en el mejor de los casos) de su amo. El animal no piensa, simplemente reacciona y actúa. Toma la carne y ya. Si pensara, tal vez, analizaría las consecuencias de lo que va a hacer. Anticiparía la reacción de su amo y entonces entendería que sería castigado (con gritos, en el mejor de los casos).
Otro ejemplo; un pez en una pecera recorre tranquilo y feliz la distancia de vidrio a vidrio una y otra vez. De pronto ve caer sobre la superficie del agua las hojuelas de pescaina. Su dueño, accidentalmente deja caer mucha más comida de la que el pez debe recibir. Y mientras intenta recuperarla, el pecesillo se ha atragantado hasta morir. El pez no piensa, actúa, ve comida y come.
Igual se comporta el animal humano, por eso es que un joven de quince años ve a una joven de quince años, o ella a él o en el sentido contrario, joven con jovencita, jovencita a joven (frase que apoya mi conclusión de que el animal humano no piensa ( http://youtu.be/XfZ_o5lifLw )) y se entregan mutuamente hasta convertirse en 3. No piensan, actúan, ven comida y comen.
El animal humano carece de la capacidad de usar su capacidad de pensar. Esta frase que suena enredada, por no decir compleja, es realmente simple. Y es la que explica el por qué de miles de absurdos y estupideces que vemos o cometemos diariamente. No usamos la capacidad de pensar que tenemos. Punto.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría lentamente frente a una máquina de una tonelada, que se desplaza a 80 kilómetros por hora y que además es conducida por otro animal humano, que tampoco va usando su capacidad de pensar.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se comería seres de su propia especie y a veces hasta de su mismo sexo sin protección.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no dejaría a un animalito de su misma especie, pero de dos años caminar libremente por un centro comercial, ni mucho menos por una calle. Ni jugando sola en su caminador al lado de la piscina. Ni mucho menos dejaría a su hermanito de 7 años cuidándola.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no dejaría a un animalito de cinco o seis años cuidando el agua que está hirviendo en la estufa.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría por la calle empujando un coche y con una niña en la mano porque la calle es más lisa que el andén.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se iría a un partido de fútbol con un cuchillo y con unas ganas de usarlo ni las hijueputas.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría por debajo de esa construcción que llaman puente peatonal.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no subiría sus propias fotos empelota a cualquiera de las múltiples redes sociales, esperando que nadie las vea. Ni comentaría en ellas sus infidelidades, ni actos delictivos ni cosas por el estilo.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se molestaría por el costo de las multas de tránsito. Si pensará sabría que el problema no está en la plata sino en conducir bien y no ser multado.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no solo le habría puesto un comparendo al busetero, lo habría enviado a la carcel por intento de homicidio.
Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no hubiera inventado significados paralelos para las palabras “vivo”, “abeja” o “avión”. No habría creado la palabra “avispado” ni se cruzaría los semáforos en rojo. No es un avión el que desarrolla una técnica para cruzar en rojo, es un huevón.
