miércoles, 19 de noviembre de 2014

Del amor y del miedo

Todos los días a la misma hora se sienta frente a la librería a pesar de que no sabe leer.
Espera desde las 10 hasta las 11 de la mañana, hora en la que se marcha para volver al día siguiente.
Pero hoy no. Hoy decide entrar.
Cruza la puerta y se acerca al mostrador, saluda tímidamente y pide un libro.
Ella, la encargada, lo mira con sus grandes ojos color café, esos que él nunca había visto tan de cerca pero que había imaginado por meses, y le pregunta con voz suave y tibia.
-- ¿Qué libro?
-- Un libro -- responde él con inseguridad en su voz -- uno de esos que tienen una tapa adelante y otra tapa atrás y quiero que por favor entre ellas tenga una historia escrita por usted y por mi.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La de la tienda está muy rica

Parados en la esquina fuman una mezcla de Mustang Azul y bareta. De la tienda sale una canción de Kaleth Morales y uno de los dos se queja de que el Vallenato es una mierda. El otro lo mira y le dice que a él le gusta y que ¡pilas! Comienzan a discutir sobre la porquería de música que le gusta al otro mientras se consume el cigarrillo, los dos cigarrillos, y media de aguardiente rojo que uno ha guardado en el bolsillo de atrás de su pantalón para calentar las gargantas y la conversación.  Son amigos, así que jamás pelean de verdad, pero sí se calientan en malas palabras cada vez que un desacuerdo los encuentra en esa esquina.
Suben al Mazda 323 del hermano mayor de uno de los dos y se van por entre el barrio para evitar a la policía porque les pueden quitar el carro por manejar tomados, el carro o la plata o el carro y la plata; depende del hambre conque la ley haya salido a patrullar.

Por una calle oscura caminan otros dos, van ebrios. Han bebido desde la mañana del día anterior después de que jugaron fútbol y perdieron. Desde ese momento no han hablado de otra cosa diferente a la golpiza que le dieron a los ganadores por pirobos y agrandados (ni pirobos ni agrandados, solo ganaron). Estos dos son peligrosos.

Caminan por la calle, por la mitad de la calle, todavía en pantaloneta, llevan sus guayos en unas pequeñas tulas de tela y media de guaro que compraron hace media hora. Son las 8 de la noche, es domingo y la nostalgia se riega por las horas. Van para la tienda de Yani Dangond, una costeñita que está más buena que volverlo a decir y según uno de ellos ya se la ha comido un resto de veces. Por supuesto quiere demostrar que es verdad y se la quiere comer hoy. Hablan de ella, de sus tetas duras y pequeñas, de ese culo redondito y calentano; luego hablan una vez más de cómo de un traque le totiaron nariz y boca al que les hizo el último gol y de cómo nadie arrancó para defenderlo y vuelven al culito de la tendera. Los hombres siempre hablan de como le dieron en la jeta a todo el mundo.

Por la calle viene una Mazda 323 en el que viajan dos ebrios más y una discusión sobre música en la que se cuela el culazo de Yani Dangond. El carro se revienta de carcajadas cuando uno dice que ya se la comió y el otro no le cree. Los hombres siempre hablan de como se comieron a todas las viejas del mundo.


Es una calle larga y oscura.

Al final vienen dos manes peligrosos y en el carro dos que solo quieren irse a su casa porque hay que trabajar mañana.

Los jugadores ven el Mazda 323 sin saber qué carro es y uno le dice al otro que se suban al anden, el otro le dice que paila, que se quiten ellos.

En el Mazda 323 uno de los dos advierte a los futbolistas y le dice a su amigo que pilas con esos que parecen estar borrachos. El otro le dice que pilas que los que van borrachos son ellos y el carro revienta de risas otra vez.

Cada vez están más cerca y el futbolista insiste en que los que se tiene que quitar son los otros o que si no los bajá del carro y les da más duro que a los de la cancha. Entonces camina con ahínco hacia adelante. El 323 avanza lentamente porque el chofer es un borracho cuidadoso que hace luces y pita para que los jugadores se quiten, a lo que los peatones responden con amenazas, gritos y gestos con sus brazos, manos y dedos.

Ya no hay risa en el Mazda, al contrario, los dos se miran y deciden levantar a esos dos hijueputas por pirobos y agrandados, entonces aceleran y pitan más fuerte mientras uno de los dos insulta sacando la cabeza por la ventana.

Una de las tulas con los guayos adentro es lanzada hacia el carro y a su lado la media de guaro que se estalla en el piso sobre el que el Mazda pasa, ahora sí, muy rápido. La tula pega en el vidrio y rebota quién sabe a dónde.

Los futbolistas, y todo lo peligrosos que pudieron llegar a ser, vuelan sobre el techo del 323. Uno muere en el aire y el otro, el que totió al de la mañana del sábado de un solo manazo, muere cuando su cabeza se totea contra el piso.

El Mazda no se detiene, y adentro la risa estalla de nuevo. Uno le dice al otro que qué pensaron esos manes, que sí creyeron que se iban a arrugar y que ni puta idea tenían con quién se estaban metiendo. Toman otro trago, encienden otro Mustang y deciden ir a buscar porro porque ahora no van a ir a trabajar al otro día.

Estos dos también son peligrosos y Yani Dangond es virgen.

martes, 12 de junio de 2012

LA VÍA DEL ESTÚPIDO



Capítulo 1
Del peatón y su infinita estupidez

El estúpido prefiere caminar por la calzada y no por la acera.

Si un carro le pita por caminar por la calzada, el estúpido en su infinita estupidez se enoja.

El estúpido se aferra a su condición de invencible y es por eso que al ver un carro que se aproxima, camina cada vez más lento.

El estúpido piensa que está hecho de acero sólido, y por ende el carro no lo puede dañar, ni a él ni a sus hijos por pequeños que sean.

Y hablando de hijos, el estúpido piensa que el coche de su bebé está construido en titanio y por eso, es también indestructible, así que no tiene reparo en ponerlo en medio del carril, aunque lo que se acerque sea una volqueta.

El estúpido entrena desde muy chicos a sus retoños para convertirlos en estúpidos de la vía, dejándolos a su suerte entre los carros. Por eso es que podemos ver a niños pequeños atravesarse en las calles, para luego recibir una reprimenda de parte de sus estúpidos padres porque si al niño lo atropellan es su propia culpa y de nadie más "él ya está grande".

El estúpido tiene como bandera la frase “échemelo” y cree que al decirla, invoca antiguos espíritus de otros  estúpidos atropellados previamente para que le pasen su fortaleza estúpida que lo hará, repito, más estúpido e indestructible.

A lo único que el estúpido le teme, es al puente peatonal, no sabe para qué es esa extraña construcción y por eso la evita a toda costa.

El estúpido a diferencia de los mortales, ve en las vías de alto tráfico un reto. Por eso el estúpido se lanza a la aventura, y cuando se escucha el chirriar de las llantas contra el pavimento, se ve también al estúpido en el último segundo saltar a la acera con una sonrisa nerviosa en su cara. Esa es la sonrisa que lo define y le da el valor para continuar. Si sonríe, no está muerto. Si sonríe no fue atropellado y ha ganado una vez más.
 UPIDO 
El estúpido, a pesar de su estupidez no es todavía una especie en vía de extinción. Así que tenga mucho cuidado cuando conduzca su carro o su moto porque el estúpido está ahí, agazapado al lado de la vía esperando a que usted esté muy cerca para abalanzarse sobre el camino con todo y  paquetes de mercado, coches, prole y cuanta cosa más se le ocurra que puede dificultar su labor de cruzar la calle.

miércoles, 18 de mayo de 2011

El animal humano, no piensa

Hoy vi en el noticiero la imagen de un busetero que con todo y su buseta, ( http://t.co/k97GbQ1 ) se cruza un semáforo en rojo, con tan mala suerte que una policía en su moto viene y se choca contra él. La Patrullera, por fortuna, solo se rompe los brazos y se libra de morir. La mala fortuna del conductor no termina ahí pues una cámara registra todo lo sucedido y lo pone en la mirada de todo el país al medio día, hora en la que todos ponen cucharas en sus bocas y noticias terribles en sus cabezas.

Pero aún hay más. La cámara que registra los hechos no es una cámara común y por ende las imágenes son súper nitidas, a diferencia de lo que acostumbramos a ver cuando de cámaras de seguridad se trata, o sea un montón de pixeles en blanco y negro que parecen moverse, y en los que la señora de los tintos adivina y relata lo que pasa diciendo “ahí se ve clarito”.

Mi reacción inicial fue, como la del común de las personas, emprenderla a improperios contra el busetero, y luego a sentencias. “ojalá lo metan preso” pensé. Después de mi, otros más dejaron salir sus pensamientos en forma de groserías y castigos. Y entonces me di cuenta de una cosa. El animal humano, no piensa.

No, no lo hace. No usa ese elemento diferencial que lo ha separado millones de años evolutivos de los demás animales. El animal humano no usa su cerebro. Y sí, que suene a conclusión. Y las razones para llegar a ella están a la vista, están en los noticieros del medio día. Ahí a la mano de todos.

Así que la mala fortuna de esta mula del volante, está realmente en el hecho de que carece de la capacidad de usar su capacidad de pensar.

El animal humano, como todos los demás animales, no piensa, reacciona a su entorno. Les pongo un ejemplo.

Es medio día y en una casa cualquiera, sirven el almuerzo. El perro de la familia se pasea tranquilo por el comedor y descubre los platos llenos de comida sobre la mesa. Entonces se lanza y toma la carne de uno de ellos, se la pasa sin masticar y luego huye de los gritos (en el mejor de los casos) de su amo. El animal no piensa, simplemente reacciona y actúa. Toma la carne y ya. Si pensara, tal vez, analizaría las consecuencias de lo que va a hacer. Anticiparía la reacción de su amo y entonces entendería que sería castigado (con gritos, en el mejor de los casos).

Otro ejemplo; un pez en una pecera recorre tranquilo y feliz la distancia de vidrio a vidrio una y otra vez. De pronto ve caer sobre la superficie del agua las hojuelas de pescaina. Su dueño, accidentalmente deja caer mucha más comida de la que el pez debe recibir. Y mientras intenta recuperarla, el pecesillo se ha atragantado hasta morir. El pez no piensa, actúa, ve comida y come.

Igual se comporta el animal humano, por eso es que un joven de quince años ve a una joven de quince años, o ella a él o en el sentido contrario, joven con jovencita, jovencita a joven (frase que apoya mi conclusión de que el animal humano no piensa ( http://youtu.be/XfZ_o5lifLw )) y se entregan mutuamente hasta convertirse en 3. No piensan, actúan, ven comida y comen.

El animal humano carece de la capacidad de usar su capacidad de pensar. Esta frase que suena enredada, por no decir compleja, es realmente simple. Y es la que explica el por qué de miles de absurdos y estupideces que vemos o cometemos diariamente. No usamos la capacidad de pensar que tenemos. Punto.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría lentamente frente a una máquina de una tonelada, que se desplaza a 80 kilómetros por hora y que además es conducida por otro animal humano, que tampoco va usando su capacidad de pensar.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se comería seres de su propia especie y a veces hasta de su mismo sexo sin protección.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no dejaría a un animalito de su misma especie, pero de dos años caminar libremente por un centro comercial, ni mucho menos por una calle. Ni jugando sola en su caminador al lado de la piscina. Ni mucho menos dejaría a su hermanito de 7 años cuidándola.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no dejaría a un animalito de cinco o seis años cuidando el agua que está hirviendo en la estufa.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría por la calle empujando un coche y con una niña en la mano porque la calle es más lisa que el andén.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se iría a un partido de fútbol con un cuchillo y con unas ganas de usarlo ni las hijueputas.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no caminaría por debajo de esa construcción que llaman puente peatonal.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no subiría sus propias fotos empelota a cualquiera de las múltiples redes sociales, esperando que nadie las vea. Ni comentaría en ellas sus infidelidades, ni actos delictivos ni cosas por el estilo.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no se molestaría por el costo de las multas de tránsito. Si pensará sabría que el problema no está en la plata sino en conducir bien y no ser multado.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no solo le habría puesto un comparendo al busetero, lo habría enviado a la carcel por intento de homicidio.

Si el animal humano tuviera la capacidad de usar su capacidad de pensar, no hubiera inventado significados paralelos para las palabras “vivo”, “abeja” o “avión”. No habría creado la palabra “avispado” ni se cruzaría los semáforos en rojo. No es un avión el que desarrolla una técnica para cruzar en rojo, es un huevón.

lunes, 25 de abril de 2011

Sin salida

¿Qué se sentirá caer desde un avión sin paracaídas?
Yo creo que lo único que cuenta son los últimos 10 metros.
Alcanzas a ver el suelo contra el que dejarás tu humanidad, alcanzas a anticipar realmente el dolor y a entender que por primera y única vez en la vida, realmente no tienes opción.

martes, 19 de abril de 2011

15 cosas que todo Bogotano tiene en la cabeza cuando sale a manejar

  1. Si ve un pare no pare.
  2. Si el semáforo está en rojo, no pare.
  3. Si hay trancón, pase por el anden (aunque conduzca una buseta (y los he visto)).
  4. Si está borracho, váyase en el carro, es más seguro.
  5. Si alguien se atravieza como diciendo “échemelo”, écheselo.
  6. Si va detrás de una moto, métale el carro pa´que no estorbe.
  7. Si va tarde para la universidad, lea las fotocopias mientras maneja (aplica para trabajo con informe, presentación y demás).
  8. Si va tarde para la oficina, maquíllese mientras maneja (aplica para universidad).
  9. Si viene una ambulancia no le de vía.
  10. Si le ponen la direccional ni se le ocurra darle vía.
  11. Si va a cruzar ni se le ocurra usar la direccional.
  12. Si va a parar ni se le ocurra poner las de parqueo.
  13. Si va por un barrio acelere.
  14. Si está lloviendo acelere.
  15. Si es de noche no prenda las luces y acelere.