martes, 18 de diciembre de 2007

Llueve

Agua cae.
Una gota.
Agua cae.
Duele.
Agua cae.
Una gota.
Dolor.
Una gota.
Una gota.
No me muevo.
No puedo.
Una gota.
Duele.
No me muevo.
Sangre.
Mi sangre por el suelo.
Sangro.
Mi sangre huye.
Me abandona.
Una gota.
Agua.
Sangre.
Muero.
El dolor cambia de lugar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La vida que no acabó conmigo

Drogas sobre la mesa de vidrio que está en la mitad de la sala. Son las once de la mañana y salimos a comprar cerveza.
El sol pega más duro cuando has abusado de la noche. Misfits sigue sonando a pesar de que ya estamos en la calle, is your fucking attitude. Todavía no logró entender por qué me puse la chaqueta si hace un sol de mierda, como para piscina y cerveza, pero no hay piscina, por lo menos hay para la cerveza. 
La calle es hermosa y limpia, el norte de la ciudad es otra ciudad. No recuerdo bien por qué terminamos aquí.
Entramos a Carulla y el celador nos mira como si entraramos a robar, y esta vez no es así, hoy traemos dinero. 
Me gustan los problemas así que le clavo los ojos en los ojos y entro, mi amigo me hala del brazo. Vamos directo a los licores, cerveza y una botella de aguardiente barato, ni siquiera Nectar uno barato de verdad.
Pagamos y salimos, no me aguanto la estupida mirada del celador, me acerco le vuelvo a clavar los ojos y le escupo directo en la cara. Trata de golpearme pero cuando a uno le gustan los problemas aprende a salir de ellos. Le doy justo en la nariz, se cae y saca el 38 de dotación que jamás le enseñaron a usar, yo sí sé, se lo quito y ahí sí que se arma la de troya, salen los otros celadores, me apuntan, Pacho corre, no suelta el trago, ¡bien!, nadie dispara, les da miedo, por lo menos más que a mi. 
¿Alguna vez ha estado en un accidente de carro que todo se ve como en las películas?, ¿todo va despacio?.
El que está en el piso se levanta, sangra por la nariz, lo miro y le devuelvo el revolver, miro a los otros que todavía me apuntan, Pacho grita desde la esquina, “Corra Marica que lo van a matar”, estoy cagado del susto a pesar de la enorme cantidad de alcohol y drogas, confío en que ninguno de los celas quiere un punkero borracho y muerto en su hoja de vida y menos en su cabeza. Me alejo caminando, nadie dice nada, casi que los puedo ver pero no soy capaz de voltear, sé que sus cañones me miran todavía. Llego a la esquina volteo y corro. Suena una sirena y sé que la cosa se salió de las manos. Por fin llegamos a la portería y el celador no nos abre, es como si todos los celadores del mundo estuvieran conectados por alguna especie de red intergaláctica y supieran exactamente lo que yo acababa de hacer y tuvieran la misión de vengar a su compañero ultrajado. Los odio.
Timbro y no abren, la sirena se oye más cerca, no abren, sirena, no abren, sirena.
Puerta, entramos y Pacho cierra. 
Señor, gracias, qué sería de todos nosotros sin los celadores que nos cuidan… Gracias de verdad.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

La pasión estúpida

Es el momento de saber que el amor es inofensivo. No es capaz de matar a nadie. O por lo menos no a alguien que lo haya sobrevivido en la temprana adolecencia.
Este, no es más que un animal que se puede domar por eso con el tiempo aprendes a manejarlo, es por eso que a los 33 una mujer te deja y sufres profundamente mientras la puerta del taxi se cierra y se la lleva.
A los 33 sabes que el amor llega, te explota el pecho, te desangra, se larga y te deja malherido hasta que pasa frente a ti un culo más redondo.
Ya la pasíon no es ese monstruo que no se puede controlar, es más bien como una perra traicionera. La tienes, la cuidas, de pronto te muerde y te desgarra, entonces la golpeas en la boca y ya está. Todo vuelve a su lugar. Ya no quieres matar a nadie.
Al comienzo tres punkeros borrachos no eran problema y más teniendo dos manos, dos piernas, dos codos, dos rodillas y una cabeza de tu lado, es más ellos estaban en desventaja a pesar de sus cuchillos. Era una pelea injusta, además porque las drogas también jugaban de local. Siempre era buena una fuerte dosis de perico para anesteciar la situación, por eso tu boca despedazada no importaba, no la sentías, lo único que podías persibir era el olor del polvo haciendo su efecto. Estabas tranquilo, la sangre sobre tus nudillos y tu ropa no era tuya.
Nada sabe mejor que un sorbo de tu propia sangre con perico, gloria y wisky barato.

No te vayas, no me dejes, no puedo vivir sin ti…
Decía un cocodrilo ebrio a una cebra que cruzaba el río.

No es necesario estar vivo para saber que el tiempo se acaba, solo basta con mirar atrás y darse cuenta de que no tuviste sexo en la tarima de un teatro. Y que eso jamás, ni nunca va a pasar. Las oportunidades vienen de a una, hay solo un segundo en el que la pasión te hace estúpido y ese es el mejor momento para olvidar que tú llevas el control de tus emociones, ese es el mejor momento para perderlo todo, para apostar al caballo que va último, ese es el mejor momento porque lo puedes perder todo y no importa, si piensas pierdes.
Estás en el suelo y sangras por todos lados.
¿Qué puedes perder cuando ya estás perdido?

lunes, 10 de septiembre de 2007

Sin previo aviso

De pronto una mañana los habitantes del pueblo se despertaron para descubrir que el mar se había secado.

Tome su turno

-- Hola
-- Buenas tardes
-- ¿Cómo está? Disculpe es que vengo para lo de…
-- Tiene que tomar un turno y esperar…

-- Y ¿está muy demorado?

-- Tome su turno… y siéntese

Son las cuatro de la tarde.
Todavía estoy adolorido. Me duelen mucho la espalda y la cabeza.
Tomo un turno y me siento a esperar.

Tengo esa sensación de ¿qué tengo que hacer? que solo viene cuando haces fila en una oficina del gobierno por primera vez.
No sé a quién preguntarle… Ni tampoco qué preguntar…

Trato de acercarme a una ventanilla… pero me detengo.
¿Qué voy a decir?

Dudo…

Me siento…

Tengo el número ciento sesenta y cinco y el turnomatic marca el 40.

Hace un calor demasiado infernal para ser la entrada del cielo.

La gente espera como rendida. Mira el número en su papelito y luego el turnomatic.
Como más van a esperar si ya están, estamos, muertos.

Miro el número de mi papelito y luego al turnomatic como esperando que la máquina se equivoque y pase hasta el ciento sesenta y cuatro.

No va a pasar.

Yo soy de esas personas que siempre tuvo que esperar para todo.
Yo siempre tuve que aguantar para entrar al baño en los bares.
Y luego tuve que aguantarme la cara de tranquilidad del borracho que estaba adentro. Y nunca al salir había alguien esperando detrás de mi, almenos para que viera mi cara de borracho tranquilo y recién meado.

Busco una buena hembrita para, al menos, hablar con alguien.
Pero hay mucho viejito. Parece un ancianato.

Me empiezo a desesperar.

41, maldita sea por qué se demoran tanto.

-- Señor; una voz que censura me interrumpe, no se puede maldecir aquí…

-- Disculpe… pero es que se demoran mucho.

-- Es que últimamente hay mucho pedido… y toca esperar.

¿En qué estaba pensando?
Ya, en los viejitos.
Al menos todos ellos pasaron de los sesenta años, yo con 31 y míreme.

Me levanto y camino.
Miro a la gente como tratando de adivinar de qué murieron.
La mayoría es fácil. Por lo que la mayoría son abuelos.
Imaginó que la muerte los encontró durmiendo.
Me parece un poco aburrido. Pero a todas luces es más digno que la forma en que me tocó a mi.
Siempre creí que me encontraría ebrio en alguna pelea de barrio o en un accidente de moto.
Claro que nunca aprendí a manejar una moto por que la única vez que lo intenté fue en un paseo a Melgar, en una fz que alquilaban al lado del parque y me di tal porrazo que les cogí miedo.
En fin una muerte tranquila y aburrida hubiera sido preferible.

Al fondo hay una señora joven con una niña como de unos tres o cuatro años. Nunca he sido bueno para adivinar esas cosas. Ella está muy tranquila y la niña duerme sobre sus piernas.
No puedo saber qué pasó.
¿Tal vez fue un accidente de carro?
Pero no sé.
Nunca he sido bueno para adivinar cosas.

Por fin una hembrita…

Me acerco y saludo.

-- Hola
-- Hola
-- ¿Estás sola?
Mira a su alrededor y no hay nadie. Es el único lugar que tiene sillas vacías.
-- Sí
Y ya habías venido antes (bueeennaa. Qué buena pregunta, como todo el mundo se muere más de una vez. ¡Qué imbécil!)
-- Sí, responde.
-- ¿En serio?
-- No. ¿O es que acaso uno se muere más de una vez?
Voltea a ver a otro lado como diciéndome que no le diga nada más.

Entiendo y me retiro.

La verdad, nunca fuí muy hábil con las mujeres.

Hay mucha gente pero no hay ruido y hay mucho espacio.
Eso solo quiere decir que debe haber días más movidos como cuando la guerrila le da por lucirse o a los gringos les da por asegurarse más petroleo. Cosas así.

Suena el turnomatic.
Ciento sesenta y cuatro.
Ya casí… Ahora solo falta que me distraiga y se me pase el turno.
Siempre me pasa la misma vaina, me la paso todo el tiempo pendiente de los numeritos y cuando me toca me pongo a pensar maricadas y me paso.
Ciento sesenta y cinco.
-- yo.

-- Siga, siéntese…

Entro en una pequeña habitación como la de las de los CAIs cuando lo van a fichar a uno pero
finalmente no lo fichan.
Me atiende un señor vestido de blanco, con las mangas recogidas, y la corbata suelta, asumo que por el calor.

-- ¿Nombre?

Le digo mi nombre

-- ¿Qué le pasó?

-- ¿Usted no sabe? Yo creí que ya sabían hasta de qué se iba a morir uno.
-- Si así fuera para que los ponemos a hacer esta fila y para qué me la pasaría yo aquí sentado de ocho a seis, en lugar de estar viendo la liga española y rascándome las pelotas soñando por una cerveza.

-- ¿Qué le paso?

Todos aquí tienen actidud de empleados de inmigración (será porque esto es como inmigración)

-- Usted ha oido que la gente dice que para morirse se muere uno hasta en la ducha.

El hombre se ríe y anota todo en un portátil.

Hace calor, pero igual estamos en el cielo

-- ¿Se cayó en la ducha? Ja… Usted no me va creer pero son muy poquitos los que se mueren en la ducha.

-- Cuénteme cómo fue…

-- qué le cuento, me entré a bañár, me caí. Y ya.

-- ¿cuantos años?
-- 31
-- ¿Hijos?
-- No, oiga en serio no saben nada de los de allá abajo. O sea que todo eso de que Dios nos mira y esa vuelta es falso. Yo sabía, yo sabía…

-- ¿Sabe qué es el libre albedrío?

Asiento con la cabeza

-- Bueno, si supieramos todo que gracía tendría el libre albedrío…

Asiento de nuevo…

-- Además sería un infierno tener que manejar ese archivo. Usted ¿se imagina el papeleo?, todavía estaríamos tratando de sistematizar tanto dato.
No me ha contestado. ¿Qué pasó?

-- Ya le dije, me entré a bañar y me cai, después aparecí aquí.

-- ¿Su cédula?
-- Libreta militar
-- ¿Libreta? ¿Para qué la libreta?
-- Usted es muy inocente para estar tan viejo…
-- Su certficado de bautizo
-- ¿Qué?
-- Certificado de bautizo, sabe ¿qué es el bautizo cierto?
-- Pués sí, pero no tengo el cerftificado…
-- Pero ¿está bautizado? ¿Cierto?
-- No sé, creo
-- Cómo que creo. ¿No sabe?

-- Pues no sé, yo creo que a mi no me bautizaron por que mis papás no eran muy creyentes. Y si no lo tengo ¿qué hago? ¿Con quién tengo que hablar?.

-- Hombre, a mi me da pena pero sin ese certificado no lo podemos atender.

Turnomatic…
Número 166

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