Capítulo 1
Del peatón y su infinita estupidez
El estúpido prefiere caminar por la calzada y no por la
acera.
Si un carro le pita por caminar por la calzada, el estúpido
en su infinita estupidez se enoja.
El estúpido se aferra a su condición de invencible y es por
eso que al ver un carro que se aproxima, camina cada vez más lento.
El estúpido piensa que está hecho de acero sólido, y por
ende el carro no lo puede dañar, ni a él ni a sus hijos por pequeños que sean.
Y hablando de hijos, el estúpido piensa que el coche de su
bebé está construido en titanio y por eso, es también indestructible, así que
no tiene reparo en ponerlo en medio del carril, aunque lo que se acerque sea
una volqueta.
El estúpido entrena desde muy chicos a sus retoños para convertirlos en estúpidos de la vía, dejándolos a su suerte entre los carros. Por eso es que podemos ver a niños pequeños atravesarse en las calles, para luego recibir una reprimenda de parte de sus estúpidos padres porque si al niño lo atropellan es su propia culpa y de nadie más "él ya está grande".
El estúpido tiene como bandera la frase “échemelo” y cree
que al decirla, invoca antiguos espíritus de otros estúpidos atropellados previamente para que le
pasen su fortaleza estúpida que lo hará, repito, más estúpido e indestructible.
A lo único que el estúpido le teme, es al puente peatonal,
no sabe para qué es esa extraña construcción y por eso la evita a toda costa.
El estúpido a diferencia de los mortales, ve en las vías de
alto tráfico un reto. Por eso el estúpido se lanza a la aventura, y cuando se
escucha el chirriar de las llantas contra el pavimento, se ve también al
estúpido en el último segundo saltar a la acera con una sonrisa nerviosa en su
cara. Esa es la sonrisa que lo define y le da el valor para continuar. Si
sonríe, no está muerto. Si sonríe no fue atropellado y ha ganado una vez más.
El estúpido, a pesar de su estupidez no es todavía una especie
en vía de extinción. Así que tenga mucho cuidado cuando conduzca su carro o su
moto porque el estúpido está ahí, agazapado al lado de la vía esperando a que
usted esté muy cerca para abalanzarse sobre el camino con todo y paquetes de mercado, coches, prole y cuanta
cosa más se le ocurra que puede dificultar su labor de cruzar la calle.
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