Un día cualquiera pero de hace casi 15 años, viajaba en una buseta por la Caracas. Eran por ahí las 7 de la mañana y me dirigía hacía mi Alma Mater. La buseta, como todas las busetas de hora pico, iba hasta las puertas. Sobre el motor, en donde iban puestas la caja de monedas y una imagen del divino niño, iba también el buen trasero de la acompañante que le había cedido su puesto a más pasajeros que viajaban como señora de pueblo en moto, de lado.
Gente y más gente apiñada.
Iba colgado al lado de una señora de esas gorditas redonditas a las que se les acortan los brazos a medida que engordan. Yo como podía la sostenía para evitar que rodara por el estrecho pasillo llevándose a todos los pasajeros (Lo hacia más por ellos que por la bracicortica).
En una arrancada de esas que los conductores dan para reacomodar el ganado, la señora se me sale del área de protección y se va llevándose a todos los que nos separaban de la puerta trasera. En el intento de todos por volver a levantarse, descubrí un grupo de lo más recomendable, 3 hombres y 1 mujer que se instalaron a la salida y estaban chalequiando a todo el que se bajaba de la buseta. El peaje de Pipiral antes de Villavo no recauda tanto como estos personajes. Cada mujer, niño, adolescente, hombre y demás, incluida la señora redondita dejó su cuota correspondiente. Hay que abonar que los 4 eran profesionales porque ninguno de los chalequiados notó nada. En ese momento veo a través de los stickers de “todo niño paga” y “si el niño es del chofer no paga” que se acerca mi turno de esculcada. Sí señores, me toca bajarme.
Inmediatamente pienso en todo lo que me van a robar estos madrugadores trabajadores y en mi cabeza hago un recuento de todas las valiosas posesiones que me acompañaban. El walkman, no, no tengo walkman y nunca he tenido, la billetera, mi billetera es un caucho que amarra la cédula y la libreta y está en lo más profundo de la maleta. La Plata, me van a robar la plata. ¿Cuál plata? En esa época el sueldo de estudiante se desaparecía gracias a mi profundo apego a las bebidas alcohólicas. Hago un repaso más y me doy cuenta de que estoy pelado, no hay nada en mi que pueda aportar al enriquecimiento ilicito de los recaudadores de la salida. Así que me armo de calma y me dispongo a disfrutar el masaje. Camino, llego al final, timbro, me apretujan y siento por todo el cuerpo un cosquilleo como el de las sillas de masajear de los parques de diversiones. La buseta para, me bajo y volteo a ver a los ladrones, les sonrío como diciendo, los jodí y me voy a clase.
Entro, tarde como siempre, lo que no me da la oportunidad de saludar a nadie, me siento en primera fila porque los puestos buenos ya están vendidos a los vagos que sí llegan temprano, y no he alcanzado a descargar la maleta cuando el profe de legislación publicitaria me pide mi trabajo.
La tarea venía encapsulada en un casete de video 8 y se trataba de un video explicativo de lo que habíamos aprendido en el semestre. Giro hacia un lado, levanto mi maleta, y cuando me dispongo a abrirla descubro que ya lo está y de par en par. Busco en su interior la pequeña cajita que contiene el video y recuerdo el momento exacto de la noche anterior en que mi progenitora lo levanta de la mesa del comedor y sosteniéndolo en el aire dice ¿esto no lo tiene que llevar mañana? ¿no es importante?
–– Sí madre, lo es, es mi tarea de Legislación, menos mal la viste.
Tomé el casete y lo guardé en el bolsillo externo del morral, el mismo que ahora está completamente abierto y completamente vacío.
Alguna vez les ha pasado que dejan el carro parqueado y cuando salen no lo ven, recuerdan ese frío extraño que corre de cabeza a pies en segundos y apenas lo ven de nuevo desaparece. Recuerdan que todo el mundo dice “uy sentí un frío…”
Pués ese frío estaba en mi y no se iba a ir. Sí cómo no. Me habían robado la tarea.
El eterno y duro silencio se rompe con un “señor Silva”. “Su trabajo, pase al frente y lo proyecta por favor, sus compañeros esperan”
Veo al frente y los otros cuatro miembros de mi grupo están ya al lado del tablero y cámara en mano conectada al video beam me esperan.
Y ahí estaba yo, solo en el mundo, solo yo y la frase menos creíble de todas las posibles y permitidas por las múltiples combinaciones que permite el español entero.
“Profe, me robaron la tarea”.
1 comentario:
QUE HISTORIA REAL TAN BUENA,QUE NARRATIVA, QUE ALEGRIA QUE FRESCURA TE FELICITO Y TE AMO
INSLA.
Publicar un comentario