martes, 25 de noviembre de 2008

Justo

No hay por qué ser injusto. Pero tampoco hay por qué asumir que los demás son justos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Qué pena, buenos días.

Son las cuatro de la mañana en la calle 57. Algunos ya salen caminando a sus trabajos y yo apenas llego. Es martes y como todos los días estoy borracho. Algunas veces siento pena con los que salen a trabajar a esa hora y otras siento pena por los que salen a trabajar a esa hora.

martes, 18 de diciembre de 2007

Llueve

Agua cae.
Una gota.
Agua cae.
Duele.
Agua cae.
Una gota.
Dolor.
Una gota.
Una gota.
No me muevo.
No puedo.
Una gota.
Duele.
No me muevo.
Sangre.
Mi sangre por el suelo.
Sangro.
Mi sangre huye.
Me abandona.
Una gota.
Agua.
Sangre.
Muero.
El dolor cambia de lugar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La vida que no acabó conmigo

Drogas sobre la mesa de vidrio que está en la mitad de la sala. Son las once de la mañana y salimos a comprar cerveza.
El sol pega más duro cuando has abusado de la noche. Misfits sigue sonando a pesar de que ya estamos en la calle, is your fucking attitude. Todavía no logró entender por qué me puse la chaqueta si hace un sol de mierda, como para piscina y cerveza, pero no hay piscina, por lo menos hay para la cerveza. 
La calle es hermosa y limpia, el norte de la ciudad es otra ciudad. No recuerdo bien por qué terminamos aquí.
Entramos a Carulla y el celador nos mira como si entraramos a robar, y esta vez no es así, hoy traemos dinero. 
Me gustan los problemas así que le clavo los ojos en los ojos y entro, mi amigo me hala del brazo. Vamos directo a los licores, cerveza y una botella de aguardiente barato, ni siquiera Nectar uno barato de verdad.
Pagamos y salimos, no me aguanto la estupida mirada del celador, me acerco le vuelvo a clavar los ojos y le escupo directo en la cara. Trata de golpearme pero cuando a uno le gustan los problemas aprende a salir de ellos. Le doy justo en la nariz, se cae y saca el 38 de dotación que jamás le enseñaron a usar, yo sí sé, se lo quito y ahí sí que se arma la de troya, salen los otros celadores, me apuntan, Pacho corre, no suelta el trago, ¡bien!, nadie dispara, les da miedo, por lo menos más que a mi. 
¿Alguna vez ha estado en un accidente de carro que todo se ve como en las películas?, ¿todo va despacio?.
El que está en el piso se levanta, sangra por la nariz, lo miro y le devuelvo el revolver, miro a los otros que todavía me apuntan, Pacho grita desde la esquina, “Corra Marica que lo van a matar”, estoy cagado del susto a pesar de la enorme cantidad de alcohol y drogas, confío en que ninguno de los celas quiere un punkero borracho y muerto en su hoja de vida y menos en su cabeza. Me alejo caminando, nadie dice nada, casi que los puedo ver pero no soy capaz de voltear, sé que sus cañones me miran todavía. Llego a la esquina volteo y corro. Suena una sirena y sé que la cosa se salió de las manos. Por fin llegamos a la portería y el celador no nos abre, es como si todos los celadores del mundo estuvieran conectados por alguna especie de red intergaláctica y supieran exactamente lo que yo acababa de hacer y tuvieran la misión de vengar a su compañero ultrajado. Los odio.
Timbro y no abren, la sirena se oye más cerca, no abren, sirena, no abren, sirena.
Puerta, entramos y Pacho cierra. 
Señor, gracias, qué sería de todos nosotros sin los celadores que nos cuidan… Gracias de verdad.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

La pasión estúpida

Es el momento de saber que el amor es inofensivo. No es capaz de matar a nadie. O por lo menos no a alguien que lo haya sobrevivido en la temprana adolecencia.
Este, no es más que un animal que se puede domar por eso con el tiempo aprendes a manejarlo, es por eso que a los 33 una mujer te deja y sufres profundamente mientras la puerta del taxi se cierra y se la lleva.
A los 33 sabes que el amor llega, te explota el pecho, te desangra, se larga y te deja malherido hasta que pasa frente a ti un culo más redondo.
Ya la pasíon no es ese monstruo que no se puede controlar, es más bien como una perra traicionera. La tienes, la cuidas, de pronto te muerde y te desgarra, entonces la golpeas en la boca y ya está. Todo vuelve a su lugar. Ya no quieres matar a nadie.
Al comienzo tres punkeros borrachos no eran problema y más teniendo dos manos, dos piernas, dos codos, dos rodillas y una cabeza de tu lado, es más ellos estaban en desventaja a pesar de sus cuchillos. Era una pelea injusta, además porque las drogas también jugaban de local. Siempre era buena una fuerte dosis de perico para anesteciar la situación, por eso tu boca despedazada no importaba, no la sentías, lo único que podías persibir era el olor del polvo haciendo su efecto. Estabas tranquilo, la sangre sobre tus nudillos y tu ropa no era tuya.
Nada sabe mejor que un sorbo de tu propia sangre con perico, gloria y wisky barato.

No te vayas, no me dejes, no puedo vivir sin ti…
Decía un cocodrilo ebrio a una cebra que cruzaba el río.

No es necesario estar vivo para saber que el tiempo se acaba, solo basta con mirar atrás y darse cuenta de que no tuviste sexo en la tarima de un teatro. Y que eso jamás, ni nunca va a pasar. Las oportunidades vienen de a una, hay solo un segundo en el que la pasión te hace estúpido y ese es el mejor momento para olvidar que tú llevas el control de tus emociones, ese es el mejor momento para perderlo todo, para apostar al caballo que va último, ese es el mejor momento porque lo puedes perder todo y no importa, si piensas pierdes.
Estás en el suelo y sangras por todos lados.
¿Qué puedes perder cuando ya estás perdido?

lunes, 10 de septiembre de 2007

Sin previo aviso

De pronto una mañana los habitantes del pueblo se despertaron para descubrir que el mar se había secado.