-- Buenas tardes
-- ¿Cómo está? Disculpe es que vengo para lo de…
-- Tiene que tomar un turno y esperar…
-- Y ¿está muy demorado?
-- Tome su turno… y siéntese
Son las cuatro de la tarde.
Todavía estoy adolorido. Me duelen mucho la espalda y la cabeza.
Tomo un turno y me siento a esperar.
Tengo esa sensación de ¿qué tengo que hacer? que solo viene cuando haces fila en una oficina del gobierno por primera vez.
No sé a quién preguntarle… Ni tampoco qué preguntar…
Trato de acercarme a una ventanilla… pero me detengo.
¿Qué voy a decir?
Dudo…
Me siento…
Tengo el número ciento sesenta y cinco y el turnomatic marca el 40.
Hace un calor demasiado infernal para ser la entrada del cielo.
La gente espera como rendida. Mira el número en su papelito y luego el turnomatic.
Como más van a esperar si ya están, estamos, muertos.
Miro el número de mi papelito y luego al turnomatic como esperando que la máquina se equivoque y pase hasta el ciento sesenta y cuatro.
No va a pasar.
Yo soy de esas personas que siempre tuvo que esperar para todo.
Yo siempre tuve que aguantar para entrar al baño en los bares.
Y luego tuve que aguantarme la cara de tranquilidad del borracho que estaba adentro. Y nunca al salir había alguien esperando detrás de mi, almenos para que viera mi cara de borracho tranquilo y recién meado.
Busco una buena hembrita para, al menos, hablar con alguien.
Pero hay mucho viejito. Parece un ancianato.
Me empiezo a desesperar.
41, maldita sea por qué se demoran tanto.
-- Señor; una voz que censura me interrumpe, no se puede maldecir aquí…
-- Disculpe… pero es que se demoran mucho.
-- Es que últimamente hay mucho pedido… y toca esperar.
¿En qué estaba pensando?
Ya, en los viejitos.
Al menos todos ellos pasaron de los sesenta años, yo con 31 y míreme.
Me levanto y camino.
Miro a la gente como tratando de adivinar de qué murieron.
La mayoría es fácil. Por lo que la mayoría son abuelos.
Imaginó que la muerte los encontró durmiendo.
Me parece un poco aburrido. Pero a todas luces es más digno que la forma en que me tocó a mi.
Siempre creí que me encontraría ebrio en alguna pelea de barrio o en un accidente de moto.
Claro que nunca aprendí a manejar una moto por que la única vez que lo intenté fue en un paseo a Melgar, en una fz que alquilaban al lado del parque y me di tal porrazo que les cogí miedo.
En fin una muerte tranquila y aburrida hubiera sido preferible.
Al fondo hay una señora joven con una niña como de unos tres o cuatro años. Nunca he sido bueno para adivinar esas cosas. Ella está muy tranquila y la niña duerme sobre sus piernas.
No puedo saber qué pasó.
¿Tal vez fue un accidente de carro?
Pero no sé.
Nunca he sido bueno para adivinar cosas.
Por fin una hembrita…
Me acerco y saludo.
-- Hola
-- Hola
-- ¿Estás sola?
Mira a su alrededor y no hay nadie. Es el único lugar que tiene sillas vacías.
-- Sí
Y ya habías venido antes (bueeennaa. Qué buena pregunta, como todo el mundo se muere más de una vez. ¡Qué imbécil!)
-- Sí, responde.
-- ¿En serio?
-- No. ¿O es que acaso uno se muere más de una vez?
Voltea a ver a otro lado como diciéndome que no le diga nada más.
Entiendo y me retiro.
La verdad, nunca fuí muy hábil con las mujeres.
Hay mucha gente pero no hay ruido y hay mucho espacio.
Eso solo quiere decir que debe haber días más movidos como cuando la guerrila le da por lucirse o a los gringos les da por asegurarse más petroleo. Cosas así.
Suena el turnomatic.
Ciento sesenta y cuatro.
Ya casí… Ahora solo falta que me distraiga y se me pase el turno.
Siempre me pasa la misma vaina, me la paso todo el tiempo pendiente de los numeritos y cuando me toca me pongo a pensar maricadas y me paso.
Ciento sesenta y cinco.
-- yo.
-- Siga, siéntese…
Entro en una pequeña habitación como la de las de los CAIs cuando lo van a fichar a uno pero
finalmente no lo fichan.
Me atiende un señor vestido de blanco, con las mangas recogidas, y la corbata suelta, asumo que por el calor.
-- ¿Nombre?
Le digo mi nombre
-- ¿Qué le pasó?
-- ¿Usted no sabe? Yo creí que ya sabían hasta de qué se iba a morir uno.
-- Si así fuera para que los ponemos a hacer esta fila y para qué me la pasaría yo aquí sentado de ocho a seis, en lugar de estar viendo la liga española y rascándome las pelotas soñando por una cerveza.
-- ¿Qué le paso?
Todos aquí tienen actidud de empleados de inmigración (será porque esto es como inmigración)
-- Usted ha oido que la gente dice que para morirse se muere uno hasta en la ducha.
El hombre se ríe y anota todo en un portátil.
Hace calor, pero igual estamos en el cielo
-- ¿Se cayó en la ducha? Ja… Usted no me va creer pero son muy poquitos los que se mueren en la ducha.
-- Cuénteme cómo fue…
-- qué le cuento, me entré a bañár, me caí. Y ya.
-- ¿cuantos años?
-- 31
-- ¿Hijos?
-- No, oiga en serio no saben nada de los de allá abajo. O sea que todo eso de que Dios nos mira y esa vuelta es falso. Yo sabía, yo sabía…
-- ¿Sabe qué es el libre albedrío?
Asiento con la cabeza
-- Bueno, si supieramos todo que gracía tendría el libre albedrío…
Asiento de nuevo…
-- Además sería un infierno tener que manejar ese archivo. Usted ¿se imagina el papeleo?, todavía estaríamos tratando de sistematizar tanto dato.
No me ha contestado. ¿Qué pasó?
-- Ya le dije, me entré a bañar y me cai, después aparecí aquí.
-- ¿Su cédula?
-- Libreta militar
-- ¿Libreta? ¿Para qué la libreta?
-- Usted es muy inocente para estar tan viejo…
-- Su certficado de bautizo
-- ¿Qué?
-- Certificado de bautizo, sabe ¿qué es el bautizo cierto?
-- Pués sí, pero no tengo el cerftificado…
-- Pero ¿está bautizado? ¿Cierto?
-- No sé, creo
-- Cómo que creo. ¿No sabe?
-- Pues no sé, yo creo que a mi no me bautizaron por que mis papás no eran muy creyentes. Y si no lo tengo ¿qué hago? ¿Con quién tengo que hablar?.
-- Hombre, a mi me da pena pero sin ese certificado no lo podemos atender.
Turnomatic…
Número 166
Siguiente.
1 comentario:
Es una buena definición del limbo.
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